
El actual territorio de la República de Bolivia estuvo primeramente habitado por pueblos de habla aimará, entre los cuales sobresalieron los collas. Hacia el siglo XV los vecinos incas del Cuzco se apoderaron de todo el país. Durante la dominación incaica, la actual Bolivia constituyó una de las cuatro grandes divisiones del Imperio. La lengua oficial de los incas, el quechua, y la de los collas, el aimará, son habladas hoy en día todavía por una gran parte de la población. El dominio del Imperio incaico se derrumbó con la llegada de los conquistadores españoles a principios del siglo XVI. El descubrimiento de una gigantesca veta de plata en el cerro Potosí (1545) atrajo a este lugar una gran masa de población, que fue sometida por los españoles para realizar trabajos de excavación y construir minas. La montaña de plata de Potosí es considerada hasta el día de hoy símbolo del enriquecimiento colonial y de la explotación de los indígenas. En Bolivia no quedó absolutamente nada de toda esa riqueza; hoy el país figura entre los más pobres de Latinoamérica. Su historia más reciente se carateriza por el subdesarrollo, y la inestabilidad política ha dado lugar a numerosos regímenes militares.
Bolivia es, junto con Paraguay, el único país latinoamericano sin salida al mar. La mayor parte de la población vive en la zona andina (altiplano), que abarca aproximadamente un tercio de la superficie total del país. En los años 80 la zona tropical de los llanos alrededor de la ciudad de Santa Cruz se convirtió en motor de la economía boliviana. Esto se debe no sólo a la moderna industria agrícola, sino también al cultivo ilegal de la planta de coca, cuyas hojas se utilizan para la producción de cocaína.
Sin embargo, los principales productos de exportación de Bolivia siguen siendo las riquezas de su subsuelo: estaño, plomo, plata, cinc y gas natural.