
Los ríos marcan el destino de Bangladesh. Las aguas del Ganges, Brahmaputra y Meghna constituyen las fuentes de vida de grandes grupos de la población y aportan fertilidad a las tierras aledañas. Este país que sólo se eleva unos pocos metros sobre el nivel del mar produce anualmente hasta tres cosechas.
Muchos inmigrantes y dominadores extranjeros llegaron a esta fructífera región. Bajo el dominio de una dinastía musulmana, gran parte de la población se convirtió al Islam en el siglo XVI. Bangladesh formó parte de la India británica durante la época del colonialismo. Tras lograr la independencia de la India, la mayor parte islámica de la región bengala se anexionó a Pakistán. Los siguientes 25 años estuvieron marcados por los enfrentamientos en búsqueda de una mayor autonomía, que concluyeron cuando Bangladesh obtuvo la independencia como nación en 1971.
El idioma vernáculo bengalí tiene una significación especial en la identidad nacional de este pueblo. Uno de sus exponentes más famosos, el filósofo y poeta Rabindranath Tagore, recibió el Premio Nobel de Literatura en 1913. El himno nacional se basa en un texto de Tagore.
Bangladesh registra un alto crecimiento económico desde hace años. En su lucha contra la pobreza, el país ha desarrollado importantes programas internacionales y es una de las naciones con mayor densidad de población del mundo. Sin embargo, la erradicación de los problemas sociales continúa siendo una tarea difícil. El perfeccionamiento de la democracia parlamentaria es un proceso fundamental para lograr la estabilidad.
Pero el problema fundamental del país siguen siendo sus ríos. Las inundaciones, las lluvias monzónicas y los tornados que azotan regularmente sobre el territorio de Bangladesh han causado más de un millón de víctimas desde 1970. La mejor calidad del material de las viviendas ofrece hoy más protección a las personas, pero las catástrofes naturales continúan desvastando sembrados e infraestructuras más débiles.