
Cuando los marinos portugueses llegaron a la actual Benín, las costas del África Occidental estaban bajo el dominio de reinos florecientes. Los primeros viajeros europeos describieron maravillados la suntuosidad de los palacios y el bienestar de la ciudad de Benín, situada en el territorio que hoy pertenece a Nigeria. Los europeos trajeron esculturas de bronce, latón y marfil que representaban la vida en las cortes beninesas.
También en el territorio de la República de Benín, cuyas fronteras actuales fueron delimitadas en la época del colonialismo francés, existían reinos independientes con idiomas y culturas diferentes. El estado más poderoso en los siglos XVI y XVII era el reino de Allada, que posteriormente fue sustituido por Dahomey. El poder de Dahomey se basaba en la buena formación de su ejército, que incluía una división de mujeres. Los habitantes, de origen fon, desarrollaron una identidad nacional propia y conforman hoy el 40 por ciento de la población de Benín.
En 1851, los franceses cerraron un contrato comercial con el rey de Dahomey. Sin embargo, no fue el aceite de palma el motivo que llevó a Francia a ocupar militarmente el país sino la competencia colonial con Gran Bretaña. Dahomey fue declarado protectorado francés a pesar de la resistencia ofrecida por el nuevo gobernante, el rey Béhanzin.
El país obtuvo su independencia en 1960 bajo el nombre de Dahomey. Tras el golpe militar de 1975 el estado se convirtió en la "República Popula de Benín". El jefe de estado Kérékou introdujo la liberalización económica y social tras un período de política económica socialista. En las elecciones presidencias de 1991, Kérékou fue vencido por el candidato opositor pero fue reelecto cinco años después.
Benín es un país agrario que puede autoabastecerse con alimentos básicos, tales como el mijo, maíz, arroz, las judías y la madioca. El aceite de palmeras, el algondón, los cacahuetes, el cacao y el café producidos en Benín son destinados a la exportación.