
Desde la perspectiva de un cosmonauta, la característica más destacada de Yibuti es inconfundible: la corteza terrestre tiene allí el menor espesor. Apenas 7.000 metros bajo la superficie de Yibuti borbotea el magma volcánico. El país está situado en el centro de la fractura tectónica que se originó cuando África se separó de Asia. Desde entonces, el continente africano continúa desplazándose hacia el oeste.
Este país caluroso con suelos negros de lava y blancos lagos de sal no ofrecía condiciones favorables para el desarrollo de la agricultura. Sin embargo, debido a su posición estratégica, era frecuentado por las antiguas caravanas comerciales que unían el Mar Mediterrráneo y la península árabe con África Oriental y el Océano Índico. Desde la construcción del Canal de Suez, el estrecho entre el Mar Rojo y el Golfo de Adén cobró mayor importancia para las potencias colonialistas. Francia obtuvo el derecho a fundar asentamientos en Bab al Mandeb ofreciendo dinero y mercancías a los sultanes de origen afar de Obock (1862) y al sultán de Tadoura (1884). Yibuti se convirtió en la capital de la "Colonia de la Somalía francesa". Su puerto de aguas profundas fue unido a Etiopía mediante un nuevo tramo de ferrocarril.
Yibuti fue el último estado africano en obtener la independencia, concedida en 1977. Su política interna está determinada por las rivalidades entre los afar y los issa, los dos grupos étnicos más importantes que tienen un pasado nómade común.
Debido a la escasez de recursos naturales y de superficies favorables para la agricultura, Yibuti ha desarrollado un poderoso sector de servicios. Además del tránsito de mercancías, las bases militares francesas son una importante fuente de ingresos. Yibuti cuenta con un moderno puerto para contenedores con almacenes frigoríficos. Su amplio aeropuerto y la mejor infraestructura de telecomunicaciones de la zona han convertido al país en un importante centro de trasbordo para envíos humanitarios destinados a la región.