
En la capital moldava de Kishinau se encuentra una réplica de la famosa escultura romana con la loba amamantando a Rómulo y Remo. La inscripción tallada en la misma explica por qué: "De la Roma venim" - "De Roma procedemos". Al igual que su vecino Rumania, Moldavia fue colonizada por los romanos en épocas tempranas. Su cultura y su idioma, emparentado con el rumano, dan fe de ello.
Debido a su situación geográfica dentro de una de las vías de comunicación más importantes de Europa, Moldavia sufrió permanentes cambios durante su historia. En el siglo XVI, el entonces principado de Moldavia pasó a formar parte del Imperio Otomano en calidad de principado independiente. Bajo el dominio de la dinastía Basaraba vivió una época de auge cultural. Rusia no llegó a limitar con Moldavia hasta 1793, y sólo en 1812 logró anexarla por primera vez, dándole el nombre de Besarabia. Después de la caída del zarismo, Besarabia recobró su independencia en 1918 y se integró al reino de Rumania. En 1924 se fundó la República Soviética Autónoma de Moldavia al este del río Dniester (Trans-Dniestr). La mayor parte del territorio del país continuó bajo dominio rumano. En 1940 Rumania tuvo que entregar Besarabia a la Unión Soviética. Mediante la unión con Trans-Dniestr surgió la República Moldava del Dniester.
En agosto de 1991 Moldavia se autoproclamó república independiente. Dos años antes había sido introducido el moldavo como lengua oficial del país. Se eliminó la escritura cirílica para volver a escribir con la latina. Esta decisión no fue apoyada por las minorías ucranianas y rusas. En la región al este del río Dniester, habitada principalmente por ucranianos y rusos, se produjeron disturbios que fueron aplacados en 1994 mediante la concesión de amplios derechos de autonomía. Lo mismo sucedió en el sur del país, habitado por los gagauzos, que hablan una lengua turca. El gobierno procura evitar más conflictos mediante la integración de las minorías en altos cargos públicos.