
Hungría celebra en el año 2000 un milenio doble: la fundación del país hace mil años y al mismo tiempo la cristianización.
Bajo el líder legendario Arpád, a finales del siglo IX, la caballería de los magiares penetró en Panonia, Hungría del oeste. Sus incursiones hostiles en el medio y en el sur de Europa hicieron a los magiares el terror de Europa, hasta que Kaiser Otto I pudo vencerlos en el año 995 en el campo de Lech por Augsburgo. Las derrotas obligaron a los húngaros a que se establacieran. El bisnieto de Arpád unió los linajes y aprobó el cristianismo. Su hijo Stefan I, el Santo, se casó con una princesa de Baviera y llevó adelante la cristianización. En el año 1000 el Papa le otorgó la realeza.
El sucesor más importante de los magiares es el húngaro que no presenta ninguna semejanza con las lenguas de los países vecinos. Hungría se formó culturalmente gracias, sobre todo, a la monarquía de Habsburg. La victoria del ejército de Habsburg contra los turcos, que habían dominado a los húngaros desde 1526, llevó en 1686 a la incorporación práctica de Hungría en esa monarquía. Pero la fundación de la doble monarquía de Austria y Hungría vino sin lugar a dudas en 1867. Gracias a las derrotas austriacas en la primera guerra mundial, Hungría pudo finalmente volver a conseguir su independencia en 1918.
También como parte del bloque oriental, los húngaros permanecieron orientados al oeste. Imre Nagy, como primer ministro, anunció en 1956 la retirada del Pacto de Varsovia y las tropas soviéticas entraron. El levantamiento del pueblo húngaro se sofocó con sangre. La nueva política económica creada en 1968 intentó unir el mercado y el plan y llevar capital del oeste al país. Ante todo, la industria de turismo se desarrolló con éxito. En Hungría se reunieron Europa del este y del oeste. Inolvidable para los alemanes queda el permiso de salida de miles de refugiados de la República democrática de Alemania, que en setiembre de 1989 que permanecieron en la embajada alemana en Budapest.