
Fenicios, cartaginenses, romanos, bereberes y árabes, turcos y también franceses, todos estos pueblos marcaron la vida cultural del país más pequeño y más occidental de todos los países del norte de África, del Magreb. Por ello puede calificarse con razón como crisol de civilizaciones.
Los fenicios que mantuvieron puestos comerciales y puertos a lo largo de toda la costa mediterránea del norte de África, se asentaron ya en el siglo XII a.C. en el territorio de la actual Tunicia. En el año 814 a.C. fundaron Cartago, cuyas ruinas pueden visitarse en la actualidad en las inmediaciones de Túnez, la capital actual. En el año 146 d.C. fue destruida por los romanos durante la Tercera Guerra Púnica, pasando su territorio a constituir la provincia romana de África.
Tras la caída del Imperio Romano y hasta la invasión por los árabes en el siglo VII, Tunicia estuvo bajo la hegemonía del Imperio bizantino. En el siglo XVI cayó finalmente bajo el dominio del Imperio otomano. Al decaer la influencia del imperio otomano en el norte de África, Tunicia se convirtió en 1881 en un protectorado francés. Tan sólo 30 años después, el movimiento de los "Jóvenes Tunecinos" se rebeló contra el dominio francés. De este movimiento surgió el Partido Constitucional o Destour, que logró imponer en 1956 la independencia.
Debido a su clima mediterráneo, sus playas y tesoros culturales, Tunicia es un destino turístico muy popular. El turismo constituye un importante factor económico. Los encantos del paisaje desértico en el sur del país despertaron el interés de la industria cinematográfica internacional. Películas como La Guerra de las Galaxias y El Paciente Inglés se rodaron en el Sahara tunecino.
Pero muchos tunecinos trabajan en el extranjero, sobre todo en la cercana Italia y en el país vecino, Libia.